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sábado, 10 de septiembre de 2016

128. El primo Pedro Manuel



Felipe de Acuña y Solís tenía un primo que contó con cierto protagonismo en su vida y también en la de su hija Rosario: se llamaba Pedro Manuel de Acuña y Espinosa de los Monteros. Bueno, en realidad don Felipe no era primo suyo, sino de su padre Pedro Antonio, pero por cuestiones de edad fue con el hijo con quien mantuvo una relación más estrecha.

Había nacido Pedro Manuel seis años más tarde que Felipe de Acuña. Los dos lo habían hecho en la provincia de Jaén; el uno en Andújar, el otro en Arjonilla. Ambos iniciaron la carrera de Leyes, por más que fuera bien diferente la suerte que corrió cada cual: Felipe los abandonó antes de concluir,  integrándose como escribiente en la plantilla del ministerio de Fomento después de haber contraído matrimonio; Pedro Manuel, en cambio, los finalizó con éxito, lo cual debió de facilitarle su carrera política: Gobernador civil de Jaén (1868), Toledo (1869), Sevilla (1871); diputado por Baeza (1871, 1872, 1881-84), Martos (1884-86), La Carolina (1896-98); Director General de Beneficencia, Sanidad y Establecimientos penales (1874).

Portada de la revista Gaceta Agrícola editada por el ministerio de FomentoNo obstante, será su nombramiento como Director General de Agricultura, Industria y Comercio el que tendrá mayor trascendencia en la vida de don Felipe y de su hija Rosario. Y es que con la llegada al poder de Sagasta el sistema bipartidista ideado por Cánovas empieza a consolidarse: la alternancia de victorias electorales lleva aparejada una profunda renovación de los ministerios, cuyos puestos son ocupados por algunos de los miembros de las familias influyentes de cada turno. Tras la publicación del nombramiento en la Gaceta de Madrid del 16 de febrero del año 1881, Pedro Manuel, convertido en un alto cargo del nuevo gobierno, no tarda en situar a los suyos en el ministerio de Fomento: apenas unos días después de tomar posesión de su cargo, Cristóbal de Acuña y Solís es nombrado Comisario de Agricultura en la provincia de Jaén. No esperó tanto con Felipe, hermano del anterior, quien  es reincorporado a su puesto de Jefe de Administración de cuarta clase, Oficial de la de terceros en el ministerio. La decisión resulta un tanto sorprendente pues, por más que en la Gaceta de Madrid se dice que se encontraba cesante de este puesto, lo cierto es que la situación administrativa de don Felipe  era la de jubilado, tal y como señala el Real Decreto publicado el mismo diario oficial el 18 de mayo de 1878, en virtud del cual se le concede la jubilación que solicita «siendo notoria su imposibilidad física para continuar en el servicio activo del Estado, y reuniendo los años de servicio que las disposiciones vigentes exigen». En fin, cosas de familia y, es de suponer, del turno de partidos que por entonces se estaba poniendo en práctica.

Lo cierto es que aquella reincorporación debió de resultar muy estimulante para don Felipe de Acuña que ahora recobraba cierto protagonismo social, tras haber pasado por la cesantía a los cuarenta y seis años y  por la jubilación a los cincuenta. Y lo debió de ser no tanto por haber recuperado su puesto en el ministerio, sino porque, en la práctica, se convirtió en el hombre de confianza del Director General, participando junto a su primo en ceremonias y banquetes, al tiempo que hacía valer su influencia a la hora de conceder alguna petición (véase el comentario 19. El agradecimiento del pueblo de Pinto a Felipe de Acuña y Solís ⇑).

Para Rosario de Acuña no fue esta la única alegría que le supuso la llegada del primo Pedro Manuel a la Dirección de Agricultura. Apaciguados los ánimos de aquel venturoso 1876, el del éxito de Rienzi y su boda con Rafael, vivía ahora un momento de transición. Las dudas habían terminado por nublar su entusiasmo inicial y ansiaba dar un cambio radical a su vida. Regresaron a Madrid, tras los más de tres años pasados en Zaragoza,  y su marido busca una alternativa laboral a su carrera militar. El primo Pedro tiene la solución. Todo se precipita. El primer día de marzo de 1881 Rafael de Laiglesia  es nombrado Visitador de Agricultura, Industria y Comercio, con un sueldo anual de 9000 pesetas; unos días después la administración militar le concede el pase a la situación de supernumerario  por el término de tres años «a fin de dedicarse a asuntos de familia»; y por esas fechas Rafael y Rosario se instalan en una quinta campestre situada a las afueras de Pinto. Recibe el nombre de Villa Nueva y el matrimonio parece iniciar allí una nueva vida.

Gracias a la posición que por entonces ocupa Pedro Manuel de Acuña y Espinosa de los Monteros, Rafael de Laiglesia ha visto incrementarse notablemente sus ingresos, pues al sueldo que recibe como Visitador hay que añadir otras 3000 pesetas más que percibe como miembro del equipo responsable de la Gaceta Agrícola, revista editada por el Ministerio de Fomento.  De las 2250 pesetas anuales que percibía en el Ejército ha pasado a 12000, lo cual constituye un notable impulso a esa nueva etapa que el matrimonio está iniciando en Pinto. Además,  Rosario de Acuña tiene a su disposición las páginas de la revista para divulgar las bondades de la vida en el campo y allí publicará El lujo en los pueblos rurales (⇑) y La educación agrícola de la mujer (⇑).

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