25 diciembre

35. El impulso que vino de México


En un acto oficial celebrado a finales del pasado mes de octubre, el Partido Socialista Obrero Español rehabilitaba a varias decenas de militantes que habían sido expulsados en 1946 por sumisión a la Unión Soviética durante la Guerra Civil. Al informar de la noticia, los titulares de los periódicos destacaban entre los rehabilitados al presidente Juan Negrín, pero en la lista también había otros militantes que ocuparon diferentes cargos de responsabilidad. Uno de ellos fue Amaro del Rosal Díaz (Avilés, 1904 - Madrid, 1991), secretario adjunto de la UGT y director general de la Caja de Reparaciones durante la Guerra Civil (véase el artículo de Félix Población: «Amaro del Rosal, rehabilitado» ⇑). Fue también un entusiasta admirador de doña Rosario de Acuña y Villanueva, a quien comparaba con Flora Tristán.

Hace unos días, un familiar suyo me comentaba que llevaba tiempo interesado por nuestra protagonista, quizás desde que a los quince años supiera de su existencia por boca del propio Amaro del Rosal. No es de extrañar: el entusiasmo se contagia. Y el de don Amaro por la figura de Rosario de Acuña está fuera de toda duda.

Fotografía de Amaro del Rosal publicada en el año 1977
Desde la lejanía, desde su exilio mexicano, utilizando la correspondencia como instrumento principal y gracias a varios colaboradores que le auxilian desde España, va reuniendo la mayor cantidad posible de material relacionado con la escritora con la finalidad de «sacarla del olvido y darla a conocer a la juventud de hoy que tanto necesita de un ideario de libertad, de justicia y de humanismo, que son las tres palabras a las que Rosario de Acuña dedicó su vida...».

A finales de los sesenta, las pesquisas (⇑) conducen a los investigadores hasta Aquilina Rodríguez Arbesú, una superviviente de los años difíciles que en su juventud había conocido a la escritora, de la cual conserva algunos valiosos recuerdos. Tras el hallazgo, un ilusionado Amaro del Rosal le comunica al escritor gijonés Luciano Castañón, uno de sus colaboradores en España, las gestiones que ha realizado al respecto:

Estuve ausente de México una pequeña temporada y esto hizo que retrasara mi contestación a sus cartas relacionadas con Rosario de Acuña. Para su información debo decirle que un colaborador en Madrid y otro en Barcelona, trabajan en la búsqueda de algunas de las obras de Rosario de Acuña siguiendo el guion biográfico que le adjunto... Sin embargo es obvio que donde se encuentran los mejores materiales es en Gijón, muy especialmente aquellos que puedan tener un carácter inédito, como sucede con el proyecto de testamento que usted logró. Con esta fecha estamos escribiendo a la señora Aquilina Rodríguez, de acuerdo con sus indicaciones. Le adjunto copia de la carta. Sería muy importante que usted pudiera obtener los documentos que posee doña Aquilina...

Así fue. Aquilina Rodríguez Arbesú (⇑)  facilitó a Luciano Castañón fotos, escritos, (incluso unos mechones de cabello), recortes de periódicos y el proyecto de testamento ológrafo al que se refería Amaro del Rosal en su carta. Gracias a esta mujer la neblina que ocultaba el testimonio de Rosario de Acuña empezó a levantarse. Los documentos que atesoró durante tanto tiempo sirvieron de base al reportaje de Patricio Aduriz titulado «Rosario Acuña» (⇑), que el diario gijonés El Comercio publicó en cinco entregas en la primavera de 1969; y sirvieron también para documentar el de Javier Ramos «Rosario de Acuña: una mujer que se adelantó a su época», publicado por Asturias Semanal en octubre de 1973.

El libro proyectado por Amaro del Rosal –para el que contaba incluso con un prólogo escrito por Clementina B. de Bassols– no llegó a publicarse, pero no cabe duda que el impulso que él imprimió a la investigación, el impulso que vino de México, nos facilitó el camino a los que, años más tarde, nos dispusimos a continuar la tarea emprendida. Los materiales que había logrado reunir, tanto los que Aquilina Rosríguez Arbesú entregó a Luciano Castrañón, como otros más que fueron localizados por diferentes colaboradores, se encuentran actualmente depositados en el archivo de la Fundación Pablo Iglesias en Alcalá de Henares.




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